lunes, 02 de enero de 2006
En defensa del conocimiento y la cultura para todos
www.otromundoesposible.com Sábado,26 de noviembre de 2005
El que sigue me ha parecido un muy buen texto que explica de forma clara y concisa el sentimiento de que la cultura como el dinero se encuentra en las manos de unos pocos precisamente porque cada vez se ha identificado más ambas cosas. Ahora ya tenemos una versión comercial de todo: del cine, de la literatura, del arte, ... Tanto vales tanto cuestas. ¿Y quién fija los precios? ¿el propio artista? Error. Con eso nos quieren engañar. Pretenden que la libertad con la pretendemos consumir las obras de creación le esta robando algo a los artistas. La mayor parte de ellos ya vendieron su alma al diablo, es decir, sus ideas a la multinacional. Los ejecutivos le dirán al director de cine qué escena debe eliminar si quiere optar a los Oscar o al cantante qué melodías no puede interpretar si quiere que se le promocione en los mass media. Después pretenderán multarme si compro una copia pirata en la calle porque alguién decidió que yo no puedo ni ganar dinero, ni ahorrámelo.
Se me puede argumentar que todo esto no es nuevo y que siempre han sido los poderosos los que han arbitrado con sus fortunas el devenir del arte. Desde los reyes y papas hasta los mecenas privados. Cierto. Sólo que no se nos engañaba con el espejismo de que hoy la cultura está al alcance de todos y la falacia de que la tecnología nos hará más libres.
En fin; dejo paso al texto elegido que sólo es una parte de la declaración que puede leerse íntegra en la dirección web que adjunto.www.otromundoesposible.com Afortunadamente no deberé pagar un copy por transmitíroslo aquí.
"En el mundo de hoy, signado por la fiebre del consumo y el dinero, se encuentra seriamente amenazada la espiritualidad del ser humano, su creatividad , el conocimiento acumulado a lo largo de miles de años, el rico mosaico de culturas que como huella, ha conformado la especie.
Algo de tanta importancia no debería escapar de la protección de las leyes. Pero los intereses económicos de las transnacionales lo han tergiversado todo. Lo que debió y dice servir de protección a la creación, ha devenido protección a la inversión, impidiendo incluso el ejercicio efectivo de los derechos más elementales del hombre, tales como el derecho a la vida, al conocimiento, a su identidad, su derecho a participar activamente de la vida espiritual de la sociedad.
En la actualidad el régimen de derecho de autor vigente no satisface las necesidades de la sociedad, ni está acorde con las posibilidades que el desarrollo tecnológico pone en sus manos. Este sistema se ha convertido en legitimador del sometimiento de la cultura a las leyes del mercado, favoreciendo con ello la dominación económica y cultural de los pueblos.
El derecho de autor como derecho humano debe llevar implícito el equilibrio entre el derecho del autor sobre su obra y el derecho de la sociedad a tener acceso a ella. Este equilibrio ha sido roto, no a favor de los autores ni de la sociedad, sino a favor de quienes ejercen los derechos a nombre de los autores, o sea, de los cada vez más grandes monopolios de la industria editorial y del entretenimiento. El ejercicio de los monopolios exclusivos que otorga la legislación de propiedad intelectual entra frecuentemente en contradicción con el ejercicio de otros derechos humanos tan importantes como el derecho a la salud, a la vida y a la educación, y son éstos los que salen perdiendo.
Tras una aparente defensa de los derechos de los autores, los intereses empresariales suman a creadores, gobiernos y a la sociedad en general al reforzamiento de las legislaciones de propiedad intelectual y a su homogeneización internacional, tomando como referente las propuestas de los países más desarrollados, con el apoyo de organismos internacionales que han respondido a estos intereses. De este modo, la cultura, el intercambio de conocimientos y el desarrollo se ven severamente dañados.
La inclusión de normas de propiedad intelectual en los acuerdos de la OMC y en los tratados de libre comercio, constituye la última vuelta de la soga, amenazando seriamente la soberanía y la diversidad cultural de los pueblos. Al obligar a los Estados a adoptar estándares de protección muy elevados y no contar estos con posibilidades de ejercer políticas culturales de protección efectivas, se garantiza un comercio de productos y servicios culturales desigual y se ahoga el desarrollo de las expresiones culturales nacionales.
Por otra parte, el estudio de los procesos creativos en todo el mundo demuestra la falta de universalidad de muchos de los conceptos e instituciones creadas por el derecho de autor para la protección de la creación, al no reconocer, entre otros aspectos, las formas colectivas de creación y apropiación de los pueblos originarios, o la necesidad de otras formas de regulación diferentes a los monopolios exclusivos de explotación sobre los resultados creativos.
El sistema vigente, al ser aplicado a realidades y momentos tan diferentes. sólo ha hecho posible, e incluso motivado, los usos ilegítimos y el saqueo del patrimonio colectivo.
La creación no se protege impidiendo su difusión. Normas más rígidas no traerán como resultado mayor creatividad La tecnología pone al servicio del hombre cada vez mas medios para ello, y las normas legales se empeñan en prohibirlo. Deben cambiar los modelos utilizados, de manera que autor y sociedad sean mutuamente favorecidos y las industrias ocupen su papel de vehículo, permitiendo el diálogo, el conocimiento de unos y otros. Para proteger la creación hay que garantizar sus espacios, estimularla, incentivarla, tenga o no éxito comercial su resultado, sólo en virtud de su condición de expresión de la espiritualidad de los hombres y mujeres, de todos y cada uno de ellos en su infinita diversidad.
En los diferentes foros internacionales comienzan a hacerse evidente las contradicciones señaladas y se delinean posiciones contrarias. Ha surgido un considerable número de iniciativas que tienen como objetivo el uso de modelos legales más permisivos, que fomentan la solidaridad y la cooperación en lugar de prohibirla. Principios como el Copyleft, las iniciativas Creative Commons, han abierto un camino al que se unen asociaciones de profesionales, intelectuales, creadores que comienzan a transformar poco a poco el escenario internacional.
Nuestros países del Sur presentan una problemática más compleja que la que pueda motivar el nuevo entorno tecnológico. Éste sólo la hace más evidente. No hay estímulo a la creatividad sin alfabetización, sin desarrollo educacional, sin salud, sin la satisfacción de las necesidades más perentorias. Por otra parte, nada de esto es posible bajo el neoliberalismo, que ata de brazos a los Estados cada vez más debilitados, sin políticas públicas, especialmente en el campo de la cultura."
El que sigue me ha parecido un muy buen texto que explica de forma clara y concisa el sentimiento de que la cultura como el dinero se encuentra en las manos de unos pocos precisamente porque cada vez se ha identificado más ambas cosas. Ahora ya tenemos una versión comercial de todo: del cine, de la literatura, del arte, ... Tanto vales tanto cuestas. ¿Y quién fija los precios? ¿el propio artista? Error. Con eso nos quieren engañar. Pretenden que la libertad con la pretendemos consumir las obras de creación le esta robando algo a los artistas. La mayor parte de ellos ya vendieron su alma al diablo, es decir, sus ideas a la multinacional. Los ejecutivos le dirán al director de cine qué escena debe eliminar si quiere optar a los Oscar o al cantante qué melodías no puede interpretar si quiere que se le promocione en los mass media. Después pretenderán multarme si compro una copia pirata en la calle porque alguién decidió que yo no puedo ni ganar dinero, ni ahorrámelo.
Se me puede argumentar que todo esto no es nuevo y que siempre han sido los poderosos los que han arbitrado con sus fortunas el devenir del arte. Desde los reyes y papas hasta los mecenas privados. Cierto. Sólo que no se nos engañaba con el espejismo de que hoy la cultura está al alcance de todos y la falacia de que la tecnología nos hará más libres.
En fin; dejo paso al texto elegido que sólo es una parte de la declaración que puede leerse íntegra en la dirección web que adjunto.www.otromundoesposible.com Afortunadamente no deberé pagar un copy por transmitíroslo aquí.
"En el mundo de hoy, signado por la fiebre del consumo y el dinero, se encuentra seriamente amenazada la espiritualidad del ser humano, su creatividad , el conocimiento acumulado a lo largo de miles de años, el rico mosaico de culturas que como huella, ha conformado la especie.
Algo de tanta importancia no debería escapar de la protección de las leyes. Pero los intereses económicos de las transnacionales lo han tergiversado todo. Lo que debió y dice servir de protección a la creación, ha devenido protección a la inversión, impidiendo incluso el ejercicio efectivo de los derechos más elementales del hombre, tales como el derecho a la vida, al conocimiento, a su identidad, su derecho a participar activamente de la vida espiritual de la sociedad.
En la actualidad el régimen de derecho de autor vigente no satisface las necesidades de la sociedad, ni está acorde con las posibilidades que el desarrollo tecnológico pone en sus manos. Este sistema se ha convertido en legitimador del sometimiento de la cultura a las leyes del mercado, favoreciendo con ello la dominación económica y cultural de los pueblos.
El derecho de autor como derecho humano debe llevar implícito el equilibrio entre el derecho del autor sobre su obra y el derecho de la sociedad a tener acceso a ella. Este equilibrio ha sido roto, no a favor de los autores ni de la sociedad, sino a favor de quienes ejercen los derechos a nombre de los autores, o sea, de los cada vez más grandes monopolios de la industria editorial y del entretenimiento. El ejercicio de los monopolios exclusivos que otorga la legislación de propiedad intelectual entra frecuentemente en contradicción con el ejercicio de otros derechos humanos tan importantes como el derecho a la salud, a la vida y a la educación, y son éstos los que salen perdiendo.
Tras una aparente defensa de los derechos de los autores, los intereses empresariales suman a creadores, gobiernos y a la sociedad en general al reforzamiento de las legislaciones de propiedad intelectual y a su homogeneización internacional, tomando como referente las propuestas de los países más desarrollados, con el apoyo de organismos internacionales que han respondido a estos intereses. De este modo, la cultura, el intercambio de conocimientos y el desarrollo se ven severamente dañados.
La inclusión de normas de propiedad intelectual en los acuerdos de la OMC y en los tratados de libre comercio, constituye la última vuelta de la soga, amenazando seriamente la soberanía y la diversidad cultural de los pueblos. Al obligar a los Estados a adoptar estándares de protección muy elevados y no contar estos con posibilidades de ejercer políticas culturales de protección efectivas, se garantiza un comercio de productos y servicios culturales desigual y se ahoga el desarrollo de las expresiones culturales nacionales.
Por otra parte, el estudio de los procesos creativos en todo el mundo demuestra la falta de universalidad de muchos de los conceptos e instituciones creadas por el derecho de autor para la protección de la creación, al no reconocer, entre otros aspectos, las formas colectivas de creación y apropiación de los pueblos originarios, o la necesidad de otras formas de regulación diferentes a los monopolios exclusivos de explotación sobre los resultados creativos.
El sistema vigente, al ser aplicado a realidades y momentos tan diferentes. sólo ha hecho posible, e incluso motivado, los usos ilegítimos y el saqueo del patrimonio colectivo.
La creación no se protege impidiendo su difusión. Normas más rígidas no traerán como resultado mayor creatividad La tecnología pone al servicio del hombre cada vez mas medios para ello, y las normas legales se empeñan en prohibirlo. Deben cambiar los modelos utilizados, de manera que autor y sociedad sean mutuamente favorecidos y las industrias ocupen su papel de vehículo, permitiendo el diálogo, el conocimiento de unos y otros. Para proteger la creación hay que garantizar sus espacios, estimularla, incentivarla, tenga o no éxito comercial su resultado, sólo en virtud de su condición de expresión de la espiritualidad de los hombres y mujeres, de todos y cada uno de ellos en su infinita diversidad.
En los diferentes foros internacionales comienzan a hacerse evidente las contradicciones señaladas y se delinean posiciones contrarias. Ha surgido un considerable número de iniciativas que tienen como objetivo el uso de modelos legales más permisivos, que fomentan la solidaridad y la cooperación en lugar de prohibirla. Principios como el Copyleft, las iniciativas Creative Commons, han abierto un camino al que se unen asociaciones de profesionales, intelectuales, creadores que comienzan a transformar poco a poco el escenario internacional.
Nuestros países del Sur presentan una problemática más compleja que la que pueda motivar el nuevo entorno tecnológico. Éste sólo la hace más evidente. No hay estímulo a la creatividad sin alfabetización, sin desarrollo educacional, sin salud, sin la satisfacción de las necesidades más perentorias. Por otra parte, nada de esto es posible bajo el neoliberalismo, que ata de brazos a los Estados cada vez más debilitados, sin políticas públicas, especialmente en el campo de la cultura."

