jueves, 29 de septiembre de 2005

ATERRORISMADOS

"Cuando en algún aeropuerto del globo le hagan a usted quitarse el cinturón, ese pequeño y estúpido gesto del que, por supuesto, no es responsable el funcionario que se lo indica, sepa que es una casi insignificante forma de irle, poco a poco, inoculándole terror, desconfianza, inseguridad, infelicidad, ignorancia, agresividad. Le están aterrorismando." Emilio Lledó, escritor y filósofo

Hoy le pedí a una compañera de trabajo que apagara la televisión. No podía seguir comiendo mientras veía a gente desesperada esperando poder saltar la valla fronteriza que le separa del Primer Mundo. Ahora eso está sucediendo en Ceuta y Melilla pero los nombres geográficos no importan, podria ser cualquier otro lugar. Saltar la valla, lanzarse al mar de noche en patera, acurrucarse debajo de un motor de autocar... todos son actos semi-suicidas. Lograrlo o morir. Reunir el valor para que lo primero te importe tanto como para aceptar lo segudo si no lo vas a conseguir.
Se me está reblandeciendo el estómago. Día a día soporto menos ver las imagenes del desastre del Katrina, de los atentados suicidas en oriente, de los muertos de hambre aquí y allá. ¿Qué me sucede? Me estan aterrorismando. Me ponen esas imagenes a cada hora para aterrorismarme, para que bendiga cada momento que se me concede viviendo fuera de esas tragedias ¿Fuera? El siguiente puedo ser yo, pero miemtras no lo sea: adelante-me dicen- apaga la televisión, cierra los ojos, mira hacia otra parte...No te deprimas, distráete con el último CD, la última revista de moda, el último cotilleo social. LA vida son dos días, no te pases uo llorando por cosas que no tienen remedio...

Todo esto está resultándome insoportable. Yo quiero mirar de frente toda esa miseria, ese dolor, quiero clavar los ojos en otros ojos y preguntar dónde están los culpables, pedir responsabilidades, demandar a los que pueden y no quieren ayudar. Sólo un temor, una duda, solo una pero terrible. ¿Y si la respuesta es un espejo?

No gano nada culpabilizándome, me lo dicen los amigos y conocidos, y yo lo sé. Pero también sé que, en el fondo, es eso lo que se pretende, que me sienta irremediablemente parte del sistema y nuevamente agradecida por no estar del otro lado de la valla. Eso es ser medio cómplice, cómplice entero.

Voy y vengo con estos pensamientos insomnes, no salgo de un espiral de dudas, de indeterminación. Hay que hacer algo, algo, algo, ¿pero qué?

No puedo pensar: estoy, repito, aterrorismada. Al menso el señor Emilio Lledó le ha puesto nombre a lo que me pasa. Gracias. Ahora queda lo más difícil. Diagnosticada la enfermedad habrá que encontrar el antídoto a ese trauma. ¿Alguien tiene una idea?


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