jueves, 07 de julio de 2005
ATENTADOS EN LONDRES
<span style="color:#800000">Otra vez. Siempre que sucede igual pasa lo mismo decía un señor de mi pueblo. Y ahí está: Otra vez el dolor de la gente de la calle y otra vez la oportunidad de los políticos de repetir hasta la saciedad las mismas condolencias, condenas, obviedades y, lo que es peor, mentiras. Que este es un ataque a las naciones civilizadas y a la democracia ya no se lo cree nadie. Esto es una guerra. Ni fría ni caliente. Una guerra estratégica, valga la redundancia. La solución no es matar pero la muerte es útil a ambos bandos y de igual modo que ambos lo saben, sólo uno lo niega, lo disimula.
Estos nuevos atentados puede que sirvan de excusa a una nueva invasión equivocada, una nueva búsqueda equivocada de armas de destrucción masiva.
Odio a los terroristas profesionales de ambos bandos porque dan cada día un nuevo millar de muertos de la tierra y una nueva docena de excusas a la represión, a la justicia duradera, a el aplastamiento masivo de derechos humanos y de humanos sin esos derechos.
El G8 es una reunión obscena de ocho naciones consideradas (¿quién lo decidió?) potencias mundiales y un puñado de naciones llamadas emergentes. Yo las llamaría naciones manejables.
Trato hablar de hablar desde la razón pero la rabia, ahora mismo, me lo impide y la impotencia me lo impide.
Yo no soy clase dirigente, no estudié ciencias políticas no sé como se piensa una cosa y se dice otra, cómo se hace para ser juez y parte pero al mismo tiempo negar cualquier participación.
El terrorismo es una práctica cruel pero ni por un momento debemos dejar de preguntarnos qué lo provoca, a quién beneficia, en nombre de quién mata pero quién paga las armas.
La pena ya sabemso quien la padece: nosotros.
Estos nuevos atentados puede que sirvan de excusa a una nueva invasión equivocada, una nueva búsqueda equivocada de armas de destrucción masiva.
Odio a los terroristas profesionales de ambos bandos porque dan cada día un nuevo millar de muertos de la tierra y una nueva docena de excusas a la represión, a la justicia duradera, a el aplastamiento masivo de derechos humanos y de humanos sin esos derechos.
El G8 es una reunión obscena de ocho naciones consideradas (¿quién lo decidió?) potencias mundiales y un puñado de naciones llamadas emergentes. Yo las llamaría naciones manejables.
Trato hablar de hablar desde la razón pero la rabia, ahora mismo, me lo impide y la impotencia me lo impide.
Yo no soy clase dirigente, no estudié ciencias políticas no sé como se piensa una cosa y se dice otra, cómo se hace para ser juez y parte pero al mismo tiempo negar cualquier participación.
El terrorismo es una práctica cruel pero ni por un momento debemos dejar de preguntarnos qué lo provoca, a quién beneficia, en nombre de quién mata pero quién paga las armas.
La pena ya sabemso quien la padece: nosotros.

